Septiembre es un mes de especial connotación en Otavalo. Es en esta época en donde se evoca con alegría y jolgorio las bondades extraídas de la madre naturaleza. Es tiempo de veneración entorno a las diferentes clases de maíz, a la tradición impregnada en la religiosidad popular, a la degustación gastronómica, al espíritu festivo de mujeres y hombres orgullosos de afincarse en suelo sarance.
El Yamor es el nombre peculiar que se le da a la chicha ancestral de registro incásico. Esta rica bebida conjuga la laboriosidad humana y la estirpe de raíces andinas. Es sinónimo de unidad en medio de la diversificación étnico-cultural que cobija a Otavalo.
La Fiesta del Yamor acoge a propios y extraños en un intenso acto de renovación terrígeno. Mestizos e indígenas vamos sumando ideales comunes entre la tolerancia y el respeto mutuo, desechando así, taras y prejuicios sociales. Por ello, se vivifica la práctica intercultural, reflejada en una amplia programación derivada en actos: sociales, artístico-musicales, culturales, religiosos, deportivos, productivos, entre otros.
La realización de la quincuagésima séptima edición de la Fiesta del Yamor conlleva un hondo compromiso que lo asumimos con responsabilidad y especial deferencia. Para nosotros Otavalo es nuestra razón de ser y de existir. Nuestra casa grande. Nuestra comarca mayor. Celebremos en armonía rememorando las huellas que fueron prestigiando con el paso del tiempo este festejo septembrino. Así también, coadyuvemos desde el presente en las nuevas directrices que servirán de guía en la planificación prospectiva de “la fiesta más alegre, en la ciudad más amable del país”.
Aspiro a que la anotada festividad en el presente año reitere el orgullo de pertenencia de las otavaleñas y los otavaleños, y, ratifique el sentimiento de admiración de los visitantes nacionales y extranjeros por la bondad paisajístico-natural y el tesón humano existente en nuestro cantón. Que así sea.
Otavalo, septiembre del 2009
Mario Conejo Maldonado
ALCALDE DE OTAVALO
DIRECTOR EJECUTIVO
FIESTA DEL YAMOR 2009
YAMOR 2009
Aníbal Fernando Bonilla F.
Septiembre tiene una especial connotación en nuestro entorno geográfico.
En el caso de Otavalo, el citado mes conlleva una profunda significación andina, enraizado con el grano amarillento, y, cautivado por la degustación culinaria, la bondad del allpa mama, el misterio de la leyenda y la alegría popular. El Yamor no se limita a la descripción de aquella chicha que identifica con plenitud a nuestro cantón, sino que se abre paso en medio de la modernidad como referente festivo de connotación nacional e internacional. La quincuagésima séptima edición de la fiesta del Yamor ya es una realidad contagiosa y llena de expectativa. Para el efecto, el Comité Ejecutivo -instancia de organización y coordinación- no ha escatimado esfuerzos, pese a la coyuntura político-administrativa que implicó la etapa de transición de las directrices municipales. Superado tal situación se han delineado los objetivos básicos de la fiesta para el presente año.
El Yamor es elemento identitario esencial de las y los otavaleños; bálsamo que inspira querencia natal, vino ocre -en palabras de Enrique Garcés- que contagia de afecto y reencuentro comarcano, bebida tutelar de raicillas incásicas, producto natural que le convierte al maíz en resultante de alimento, ritual y sincretismo cultural. Precisamente, esta festividad nos permite repensar en lo que somos, en nuestra fortaleza sintetizada en un lenguaje semiótico diverso, en las formas disímiles del comportamiento humano, que en nuestra llacta tiene el afloro de la interculturalidad.
Dicha celebración -que se desarrolla del 4 al 13 de septiembre- cuenta con el auspicio y apoyo de los gobiernos: nacional y provincial, empresa privada, sectores productivos, barriales, sociales, culturales, deportivos y de socorro de nuestra ciudad, Cámaras de Comercio y de la Pequeña Industria. Asimismo, Jorge Perugachy, es el autor de la obra que ilumina el afiche promocional; expresión de alto contenido artístico que ratifica la profunda sabiduría y creatividad existente en nuestro lar natal.
La presencia masiva de la ciudadanía a las diferentes actividades incluidas en la programación general corrobora la huella indeleble de otavaleñidad y, el reconocimiento anual ante el advenimiento de la cosecha. Bendita sea nuestra tierra propia.
Otavalo, septiembre del 2009
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