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El Yamor es la máxima expresión de la nacionalidad ecuatoriana, es la muestra más fiel de la riqueza intercultural de un pueblo orgulloso de sus identidades que se une sin distingo y con alegría única para agradecer a la Pacha Mama y a la niña Virgen María de Monserrath por la dulzura abundante de la cosecha y por el trabajo vivificante de la comarca otavaleña.
En esta fiesta que une la chicha de origen pre-inca y la fe religiosa de un pueblo, se proyecta este mismo pueblo unido en su diversidad, tal como los granos del maíz, consolidados férreamente en la mazorca orgullosa.
Si el origen del Yamor chicha es cultura misma, la fiesta, que como tal fue instaurada hace 53 años por el pueblo blanco mestizo, tiene la magia de conjugar las visiones de dos culturas unidas por un mismo origen y una misma vertiente, de ahí que la particularidad de la Fiesta del Yamor la vuelve más que un simple festejo, le vuelve comunión de los hombres con la tierra, con el reencuentro fraterno de las generaciones del maíz, la labranza y el trabajo creador; por eso es obligación ineludible de quienes tienen el compromiso con Otavalo, como tierra y como concepto ancestral, entregar todo el talento creador para que quede como herencia hacia nuestros hijos, el compromiso de engrandecerla siempre, tal como nos entregaron a nosotros quienes nos precedieron con esta responsabilidad. Y tal es un compromiso hermoso, que tenemos la necesidad de ir cediendo espacios a otros más jóvenes que deben tomar con el mismo amor la posta del compromiso generacional para innovarla y no dejarla morir por la monotonía.
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